La increíble historia de Copito el hamster y las 50.000 semillas

Copito el hamster sabía con anticipación que su paso por esta tierra sería corta, su padre, un hamster de mucha experiencia le había contado como su padre y el padre de su padre había vivido en promedio 2 años así que era consciente de lo breve que es la vida.

Por eso el había decidido aprovechar el tiempo cada día y cada noche de su vida.

Muy de mañana, antes que el sol saliera comenzaba a correr en su rueda esperando mantenerse en forma y así evitar envejecer. Recorría varias veces su inmenso hogar en busca de alimento y agua que sus cuidadores (no dueños, el no era propiedad de nadie) dejaban en diferentes sitios.

De día, cuando los escuchaba caminar o hablar utilizaba la táctica infalible de comenzar a morder las paredes de su casa, de esta manera llamaba la atención y lo sacaban a pasear por el aun mas grande apartamento en el que los humanos vivían.

Feliz con esta libertad corría lo mas rápido posible, como un pequeño rayo blanco y cruzaba cuartos, baños y cocinas, saludaba en un suspiro a las ranas en su terrario, miraba con respeto a Uñas la rana Africana y se escondía debajo de una mesa esperando que lo llamaran para comer algo sabroso que los humanos le quisieran dar de su desayuno: una fruta jugosa, un cereal o huevo. Luego con su comida guardada (en sus cachetes) comenzaba a pedirle a mamá (la humana que lo cuida) que lo devuelva a su casa para guardar la comida y volver a dormir.

En el día es tranquilo todo, duerme a pierna suelta (o a patica suelta) y eventualmente se despierta a correr o nuevamente comer. Nada le preocupa.

En las noches, cuando mamá llega y la escucha nuevamente es hora de hacer ruido para que con alegría lo saquen a dar otra vuelta o lo consientan.

Le gusta dormir bajo las cobijas con mamá mientras sueña que los días pasan y el es feliz,

Un día, entre sueños, cuando papá y mamá adoptivos hablan (el sabe que sus padres son hamsters pero el fue adoptado por esta pareja de humanos) se entera de algo… que papá va a cumplir años y allí se decide a darle un gran regalo, algo que haga que lo recuerden por mucho tiempo.

Copito sabia que papá quería una loción y luego de preguntarle a las ranas en el terrario y a Uñas la rana que era eso supo que para adquirir eso debía comprarlo.

Ahora sus carreras por la casa tenían un motivo… encontrar dinero.

Corría por todo lado, se metía entre los zapatos, se escondía detrás de los armarios, buscaba bajo la cama y poco a poco encontró moneditas perdidas que para el eran un tesoro para alcanzar su sueño, dar algo que trascendiera su existencia.

Luego de varios días descubrió que no habían mas monedas y lo que tenía no le alcanzaría.

Lo que consiguió lo almacenó bajo la mesa que se escondía e hizo algo que nunca había hecho hasta ahora: lloró.

Habló con otra niña adoptada de la casa, Piña la erizo a la cual no le interesaban los humanos, sus vidas o nada mas. Piña era feliz haciendo lo que los erizos pigmeos Africanos hacen mejor: vivir.

Copito le contó lo que deseaba hacer, le dijo lo que había conseguido y lo que le faltaba. Ella en su inteligencia erizuda le recomendó:

-Guarda tus semillas y entrégaselas junto con el dinero que guardaste, así papá podrá comprar lo que quiera.

Y así, cada vez que salía de casa guardaba sus semillas en los cachetes, saludaba a las ranas en el terrario, miraba con respeto a Uñas la rana Africana y corría a esconder sus semillas bajo la mesa que nadie revisaba.

2 años le tomó almacenar sus semillas.

En esos 2 años sus padres decidieron que era hora que Copito tuviera una familia propia, que al igual que sus ancestros hamster tuviera hermosos bebes y acordaron un matrimonio por conveniencia (convenía que tuviera hijos…)

La seleccionada fue Motica la hamster.

Bueno, para resumir esta aventura las cosas entre ellos no funcionaron, ella es bastante desordenada y Copito aprendió (como sus padres) la manía de tener todo en sus sitio y su hogar limpio (no como un nido de ratón que es la felicidad de Motica)

En el divorcio ella se llevo la mitad de sus semillas, menos mal el dinero no…

Nuevamente a guardar semillas y continuar su búsqueda de las monedas y uno que otro billete bajo la cama.

Esta es la historia, triste pero real de Copito el hamster que luego de 2 años se escondió un día bajo la mesa que nadie miraba y no quiso volver a salir.

Mamá sabia que el estaba bajo la mesa y preocupada movió todo para encontrarlo sobre una pequeña montaña (gigante para el) de semillas y frutas jugosas, pedazos de cereal y uno que otro trozo de salchicha y unas cuantas brillantes monedas y unos billetes a medio roer.

Ella, mirando a esos ojos negros opacos y 2 días antes del cumpleaños de papá sonriendo comprendió.

La tarjeta la escribió ella, el regalo era estar con personas, animales, amigos y mascotas que te aprecian de verdad.

Todas las mañanas durante mucho tiempo, mas del que durará Copito el hamster papá utilizará con alegría la loción que 50.000 semillas y un gran corazón le regalaron.

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